miércoles, 9 de agosto de 2023

Entre Peligros y Problemas: Desentrañando el Verdadero Miedo


El miedo es un instinto básico del ser humano, e incluso podría considerarse necesario. Sin el miedo, podríamos exponernos continuamente a situaciones riesgosas o con posibles consecuencias graves.

Lo experimentamos como una sensación incómoda, tanto física como mentalmente. Hasta la fecha, una de las definiciones que mejor encapsula el concepto del miedo es que este es una "anticipación catastrófica". ¿Qué significa esto? Básicamente, esperar lo peor de lo peor. Imaginemos que caminamos de noche por una calle solitaria y, de repente, un ruido nos sobresalta. En cuestión de segundos, nuestra mente crea un escenario donde un peligroso delincuente se esconde en la oscuridad. Instantes después, nuestro cuerpo reacciona preparándose para huir, enfrentar o paralizarse. Sin embargo, poco después, descubrimos que solo era un gato revolcando la basura y la sensación de amenaza se desvanece.

Esto ilustra cómo el miedo nos lleva a anticipar el peor escenario posible. En algunos casos, esta anticipación puede ser útil, pero, lamentablemente, no siempre es el caso. A menudo, pasamos gran parte de nuestro día preocupados por deudas pendientes, responsabilidades laborales o compromisos escolares. Y todas estas preocupaciones, en muchas ocasiones, las vinculamos a una palabra clave: PELIGRO.

En Guatemala, este sentimiento está tan arraigado en nuestra cultura que una despedida común es: "Váyase con cuidado". Lo que, en esencia, nos recuerda: "hay PELIGRO afuera". Como resultado, vivimos en un estado de temor constante, y en lugar de ser un mecanismo de prevención, este sentimiento puede ser el preludio a la ansiedad.

Así que, la próxima vez que sientas miedo, reflexiona: ¿Realmente enfrento un peligro, o simplemente es un problema por resolver?

viernes, 21 de julio de 2023

El fino arte de retirar escolopendras de la espalda

Quiero compartir con ustedes una curiosa analogía que surgió en mi mente, una que nos invita a pensar en cómo enfrentamos ciertas situaciones en la vida.

En una de esas mañanas, mientras me preparaba para asistir al trabajo, me vino a la mente la palabra "escolopendra". Recordé algún documental que había visto en algún momento, y de inmediato quise saber más sobre ellas. Resultó que las escolopendras son una familia de ciempiés, esos insectos con muchas patas que se parecen a gusanos. ¿Qué pasaría si tuviera una de ellas en la espalda? Claro, suena absurdo, pero esta situación me llevó a una reflexión más profunda: ¿qué haría si tuviera que cargar con todo el dolor de los demás sobre mis hombros? Usando la picadura de estos bichitos como una metáfora, ¿cómo enfrentaríamos ese dolor que queremos asumir como propio?

Es común que en ocasiones sintamos la necesidad de cargar pesos innecesarios, problemas que no nos corresponden o incluso queramos rescatar a otros de sus dificultades. ¿Pero acaso es nuestra responsabilidad resolverlo todo? ¿Nos hacemos daño al intentar salvar a alguien de sí mismo o afrontar tareas que están más allá de nuestros límites?

La lección que encontré en este peculiar ejercicio de imaginación fue la importancia de movernos despacio, con cautela, para no agitar al bicho y evitar que nos pique. En la vida, a veces necesitamos darnos una pausa para tomar decisiones más acertadas y no apresurarnos ante situaciones difíciles.

Si las picaduras de estos insectos duelen mucho, imagina lo que puede ocurrir si cargamos con más de uno. ¿Cuántos problemas y cargas llevamos diariamente sobre nuestros hombros? ¿Es realmente necesario llevarlos a todos lados y todo el tiempo?

En lugar de llevar una escolopendra tras otra, tal vez lo más sabio sea aprender más sobre estos ciempiés. Reconocer cuáles son venenosos y cuáles son inofensivos, cómo manipularlos con cuidado para retirarlos sin sufrir percances. Incluso podríamos perderles el miedo, aprendiendo a manejarlos con destreza y compartir ese conocimiento con otros para que también puedan liberarse de sus propias cargas.

Así que te invito a reflexionar conmigo: ¿estás dispuesto/a a llevar una escolopendra en tu espalda? ¿O preferirías aprender a retirarlas con sabiduría y soltura cuando sea necesario? 

sábado, 15 de julio de 2023

Abordando el Duelo: Reflexiones sobre la Pérdida y el Consuelo

 


Recibí un mensaje muy especial a mí correo recientemente:

"Hola, doctor! ¿Cómo estás? Me gustan mucho tus correos y me han servido de terapia. Recientemente perdí a un ser querido. ¿Podrías hablar del duelo? ¿De esa sensación de angustia al pensar en tu vida sin ver físicamente a esa persona? ¿Del consuelo? ¿Dónde buscarlo? ¿En qué creer? Me ayudaría una reflexión al respecto. Muchas gracias."

Antes que nada, deseo expresar mi más profundo agradecimiento por la confianza y la apertura que este mensaje refleja. Sus dudas, inquietudes y comentarios son la esencia y el propósito de este blog.

El duelo es una experiencia difícil y compleja. Todos quisiéramos tener un manual que nos guíe paso a paso a través de este proceso, pero la realidad es que no existe. Cada duelo es personal y único. Ya sea que estés lidiando con la pérdida de un hermano, de una madre o de un amigo, cada experiencia es distinta. Y las circunstancias que rodean estas experiencias también varían.

No obstante, hay algo que debes recordar, por doloroso que pueda parecer: el duelo es transitorio. En medio del dolor, es común pensar que este sentimiento durará para siempre. Pero, te aseguro que el dolor disminuye con el tiempo. Día tras día, los recuerdos dolorosos se transforman en añoranzas y luego en fuentes de alegría. Los sueños con nuestros seres queridos cambian de sabor, de amargos a reconfortantes. Y al contar sus historias, las lágrimas dan paso a las risas.

Una vez vi una imagen en Instagram que representa de manera muy acertada lo que sentía frente a la pérdida. La imagen mostraba a un hombre atravesando una tormenta en medio del mar. Su bote naufraga y él se sumerge en la oscuridad del océano. En medio de la confusión, la angustia, el miedo y la tristeza, parece ser arrastrado hacia el abismo. Pero, de repente, abre los ojos y está flotando nuevamente en la superficie, bajo el cálido sol de un nuevo día. Esta imagen me recuerda lo natural que son nuestras emociones frente a la pérdida, y cómo nada es permanente.

Desearía poder ofrecerte una fórmula mágica para superar este desafío, pero la realidad es que no la hay. Cada uno debe recorrer su propio camino a su ritmo. Algunos duelos duran días, otros más tiempo. Sin embargo, es vital recordar que no estás solo. Compartir tus emociones con las personas que te aman siempre será beneficioso. Intenta recordar los buenos momentos; a menudo nos enfocamos en los malos, o en los últimos momentos que compartimos con nuestro ser querido, lo que solo refuerza nuestra tristeza. Recuerda, tú tienes el control de tus pensamientos. Y, como alguien alguna vez me dijo: “Solo el amor vence a la muerte”. Ese amor que sientes hoy es real, es palpable, y llegará el momento en que sepas dónde colocarlo.

Mi deseo más sincero para ti es que pronto puedas resignificar tu perdida, es decir, darle sentido y encontrar un lugar para depositar todo ese amor que estás sintiendo en este momento.

Recuerda, no estás solo.

Un abrazo, Miguel

miércoles, 5 de julio de 2023

El Arte de Estar Presente


Enfoquemonos en dos palabras aparentemente sencillas: "Estar presente". A primera vista, parece una tarea fácil, simplemente estar aquí y ahora. Sin embargo, es un desafío mucho más grande de lo que podrías imaginar. Hay incluso religiones donde sus practicantes dedican años enteros a dominar este estado de conciencia.

Me gustaría compartir una de mis historias favoritas sobre este tema, de origen budista. Aunque no recuerdo cada palabra ni todos los detalles, la esencia de esta historia tiene un significado profundo y relevante que quiero transmitir.

Esta narración comienza con un maestro y su mejor discípulo. El maestro dedicaba sus días a meditar en lugares serenos y apartados, y su discípulo fielmente lo seguía en estas enseñanzas. Un día, sin embargo, el discípulo decidió partir en un viaje de conocimiento. Se matriculó en las universidades más prestigiosas, se empapó de sabiduría de eruditos y amasó una gran cantidad de conocimientos. Después de varios años, regresó a su aldea y se reunió con su maestro.

El discípulo, hinchado de orgullo por sus logros académicos, compartió todo lo que había aprendido. Una vez que terminó su relato, preguntó al maestro, algo arrogante: "¿Y tú, maestro, qué has aprendido durante todo este tiempo?" El maestro respondió con tranquilidad: "Aprendí a dormir cuando duermo, a comer cuando como y a sentarme cuando estoy sentado". Frente a esta respuesta, el discípulo sintió una profunda vergüenza y solicitó humildemente que el maestro le volviera a enseñar.

El corazón de esta historia aborda numerosos temas, pero quiero que nos centremos en la lección más relevante: la capacidad de "estar presente". A menudo, nuestra mente está en todas partes, menos en el momento presente. Si observas a las personas que te rodean, verás que la mayoría está inmersa en sus redes sociales, bombardeada por un sinfín de estímulos y atrapada en un mar de pensamientos que las arrastra hacia el futuro o el pasado, sin permitirles vivir el presente.

Te invito a hacer una pausa en lo que estás haciendo. Respira profundamente, siente tu cuerpo, la piel y su contacto con tu ropa, y con la superficie sobre la que estás leyendo este artículo. Observa tus pensamientos, pero no te enganches a ninguno de ellos. Sólo sé un espectador y sonríe, estás viviendo tu presente. Este es un momento para disfrutar, algo que no hacemos con suficiente frecuencia.

Siempre que lo desees, puedes regresar al presente, liberarte de las cargas del pasado y de la incertidumbre del futuro. Después de todo, como nos enseña la historia, la verdadera sabiduría reside en la capacidad de "estar presente".


 

viernes, 9 de junio de 2023

La versatilidad de nuestras herramientas internas: Clave para el autoconocimiento y la autorrealización

 

A lo largo de mi trayectoria en el campo de la psicología, he ocupado dos posiciones: la del terapeuta y la del paciente. Esta experiencia dual me ha brindado una comprensión profunda del viaje hacia el autoconocimiento y la autorrealización. Hoy, me gustaría abordar un tema muy valioso que he aprendido durante este viaje: la importancia de la versatilidad de nuestras herramientas internas.

Permíteme comenzar con una metáfora. Imagina que nacemos con un maletín lleno de herramientas: martillos, serruchos, cinceles, prensas, y muchas más. Sin embargo, a medida que crecemos, la mayoría de nosotros aprendemos a utilizar solo una o dos de estas herramientas, las cuales se convierten en nuestras favoritas. El problema no está en ser un experto con un martillo o un serrucho, sino en nuestra tendencia a querer usar esa herramienta única para todo.

Esta situación puede volverse crítica cuando nos enfrentamos a desafíos que requieren una herramienta diferente a la que estamos acostumbrados a usar. En estos momentos, surgen dos preguntas: ¿Qué ocurre cuando ya no podemos usar nuestra herramienta favorita? y ¿Cuánto nos cuesta, tanto en términos energéticos como emocionales, no utilizar la herramienta correcta para cada situación?

Por lo tanto, te invito a reflexionar sobre tus "herramientas" internas: las ideas y creencias que has adquirido a lo largo de tu vida. Por ejemplo, ¿qué ideas tienes sobre el dinero? ¿Qué creencias te inculcaron tus padres? ¿Cuáles son tus patrones de comportamiento en relación a tus finanzas personales?

La terapia puede ser un espacio excelente para explorar y ampliar tu caja de herramientas interna. No sólo te ayudará a identificar y cuestionar las ideas y patrones que pueden estar limitándote, sino también a adquirir nuevas herramientas y enfoques que te permitan afrontar la vida de una forma más saludable y satisfactoria.

Al igual que un estudiante necesita varios años de escuela para obtener un título, o un atleta necesita tiempo para alcanzar su máximo rendimiento, la terapia es un proceso que requiere tiempo y compromiso. Sin embargo, puedo asegurarte que vale la pena: ¡Estar mejor es posible!

martes, 6 de junio de 2023

La autoexigencia

 

Hoy quiero compartir con ustedes una visión fascinante del análisis transaccional, una rama de la psicología que propone que nuestra personalidad está compuesta por tres partes: los estados del Yo, denominados Padre, Adulto y Niño por su fundador, Eric Berne. Regularmente utilizo este modelo para ayudar a mis pacientes a entender de dónde surgen y cómo influyen en ellos las interacciones diarias.

Cada estado del Yo tiene características propias que exploraremos en nuestros próximos talleres en línea (¡Manténganse al tanto para las fechas!). Pero hoy, me gustaría centrarme en el estado del Yo llamado "Padre".

Este estado es donde almacenamos todas las normas, mandatos y creencias que se nos inculcaron durante la infancia, cuando toda la información entraba en nuestra mente sin pasar por un filtro. Este filtro se desarrolla posteriormente en el estado del Yo "Adulto", pero eso es tema para otro día.

Es importante entender que, en muchos casos, las creencias y órdenes que se nos transmitieron no eran las más adecuadas. Sin embargo, no es culpa de nuestros padres o cuidadores. Ellos simplemente nos transmitieron las normas y creencias que tenían. Lo importante es que, hoy en día, podemos asumir la responsabilidad de nuestros propios pensamientos.

Asumir esta responsabilidad puede ser un desafío, pero al final del día, ¿quién más que nosotros mismos es responsable de nuestra paz, tranquilidad y felicidad? Para poder gestionar nuestros pensamientos, es crucial entender de dónde vienen. Y eso es el primer paso: tomar conciencia.

Muchos de nosotros tenemos una voz en nuestra cabeza que nos exige perfección. Esta voz puede ser útil en algunas ocasiones, pero en otras, puede obstaculizar nuestros procesos y llenarnos de miedo ante la posibilidad de cometer errores. El problema no es la orden de perfección en sí, sino que puede estar desproporcionada en tiempo, tamaño y lugar. No se puede ser perfecto todo el tiempo, ni en todos los lugares.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Paciencia, amigos míos. El primer paso es organizar nuestra mente. ¿Has notado qué órdenes te causan problemas? ¿Sabes qué elementos de tu entorno las activan? ¿Eres capaz de detener esa orden antes de que impulse una acción?

Si no puedes detectar estas ideas o creencias, no te preocupes, estamos aquí para ayudarte. La autocomprensión es un viaje, y no tienes que hacerlo solo. Puedes obtener más información en nuestra página web www.plena-mentegt.info.

La autocrítica desmedida es solo una de esas órdenes. Pero recuerda, tú tienes el control y puedes aprender a gestionar esos pensamientos. Eres un ser humano, y está bien cometer errores. Está bien no ser perfecto. Está bien ser quien eres.

Termino con esta reflexión por hoy. Deseo que tengas una semana llena de autoaceptación y bondad hacia ti mismo.

Emociones: Lo que debemos saber

 


¡Hola de nuevo! Soy Miguel Fuentes, psiquiatra de Plena-Mente. En esta entrada del blog, me gustaría abordar el tema de la gestión de las emociones y cómo las vivimos y experimentamos.

No existe una forma "correcta" o "incorrecta" de experimentar las emociones. Como psiquiatra, he observado que cada uno de nosotros vive las emociones de manera distinta. Todos somos únicos. La manera en que interpretamos nuestro entorno, la forma en que nuestros pensamientos e ideas están organizados en nuestra mente, y las relaciones que hemos mantenido a lo largo de nuestra vida tienen un impacto directo en cómo nos sentimos. No hay una manera incorrecta de sentir, es lo que hacemos con esa emoción lo que determinará las consecuencias de nuestras acciones.

Un ejemplo común podría ser el enojo o la ira. Experimentar estas emociones no es malo, al contrario, sentir es natural y saludable. La cuestión radica en, ¿qué hago cuando me enojo? ¿Grito? ¿Hago un berrinche? ¿Me escondo? ¿Peleo? Lo que realmente importa no es qué sentimos, sino cómo lo manejamos.

Si te sientes identificado y te preguntas qué hacer cuando la ira se apodera de ti, aquí te dejo tres consejos que han ayudado tanto a mis pacientes como a mí:

  1. Toma consciencia: Lo primero que debes hacer es estar presente y poder identificar cuándo comienza la emoción. ¿Cómo se siente? ¿Qué características tiene? ¿Es proporcional a la situación? ¿Dónde la sientes en tu cuerpo? Aunque puede parecer sencillo, requiere de mucha atención y práctica. La meditación puede ser una gran herramienta para esto.

  2. Evita juzgar: Tendemos a etiquetar las emociones como "buenas" o "malas", pero en realidad, las emociones simplemente son. No generes sentimientos de culpa o satisfacción en torno a ellas. Esto te permitirá acercarte más a una experiencia emocional genuina.

  3. Emociones genuinas: Normalmente, las emociones genuinas duran solo unos segundos y luego se van. Aprender a no "casarte" con las emociones es importante. Los dos primeros pasos te ayudarán a no quedarte estancado en una emoción.

No esperes que estos consejos funcionen de inmediato. Este es un proceso gradual que, al igual que ir al gimnasio, requiere de paciencia y perseverancia. Tienes tiempo, no hay necesidad de apresurarse. Recuerda que lo más importante de llegar al destino es disfrutar del camino.

Y, por último, no olvides celebrar tus avances. No esperes a que los demás reconozcan tu esfuerzo, si ocurre, fantástico, pero si no, recuerda ser tu propio aliado y celebrar tus propios logros.

Por supuesto, hay mucho más que podemos hablar sobre las emociones. Me encantaría que compartieras conmigo, si te apetece, algunas de las cosas que haces para gestionar tus emociones. ¡Hasta la próxima!

No sabíamos que estaba pidiendo ayuda. Hasta que fue tarde.

A veces la gente no se lanza al vacío. Se va dejando caer poquito a poco. Apaga el brillo en los ojos. Se vuelve más callada. Se ríe por com...